sábado, 1 de noviembre de 2008

Mi Diario del Taller

Mi diario de escritor
Apuntando sensaciones místicas

¿Por qué Horacio y no Pedro, Mariano, Augusto, Damian, Rodrigo, Francisco, Ramón o Patricio?
La decisión de elegir un protagonista para hablar del turismo místico me esta costando, porque aún no puedo dilucidar que es exactamente esta propuesta de hacer turismo místico. Es un tema complejo, novedoso para mí, enigmático por donde se lo mire.
A pesar de mi indecisión, tengo en mi cabeza la crónica que quiero armar y que es lo que quiero contar. De todas maneras, considero que es beneficioso enfrentarse a esta clase de disyuntivas porque enriquece el trabajo de investigación y el propio trabajo de escritura del autor.

Diario crónica

…Ah no no!!! mira Rominita…
Seguramente eso dirán ustedes cuando arranquen a leer estás líneas.

Sábado a la noche de libros, NO de copas…
Es sábado, precisamente el reloj de mi computadora marca la hora 02.41 de la mañana, los que me conocen podrán pensar que esto es una broma, pero aunque usted no lo crea, me encuentro frente a la computadora, manos sobre el teclado, queriendo contar el día que tuve hoy, que en realidad de acuerdo a la hora que es diría: el día que pase ayer.
No había pasado una buena noche el día viernes, me acosté muy tarde, pasada la hora cero, no pude dormir muy bien ya que los calambres volvieron a perturbar mis sueños. Últimamente el tema de “Dormir” se volvió un tema clave en mi vida, por dos cuestiones: por un lado, no tengo tiempo de dormir, esa es la realidad, pues siempre tengo cosas que hacer para el día siguiente y no puedo irme a dormir sin haberlas hecho, por un tema de tranquilidad más que nada, ya que no puedo conciliar el sueño si se que lo podía haber resuelto antes de apoyar la cabeza en la almohada, es como el dicho que dice: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, por tal motivo a veces me acuesto muy tarde y me levanto muy temprano, ejemplo: ir a dormir a las 05.00am y levantarse a las 07.00am, así puedo andar todo un día: casa-trabajo-facultad-casa, es la rutina que me acompaña de lunes a viernes desde el 05 de Julio hasta la actualidad. Por el otro, sacando el tema del tiempo, esta el tema salud, pues si algún día logro ir a dormir en un horario prudente –después de cenar por ejemplo- no me puedo dormir porque los calambres –esos a lo que hice alusión al principio- adoran hacerse presentes en esos momentos de la noche. Aún no visite a mi medico de cabecera para contarle este hecho, pero si esto sigue así haré un huequito para contarle este tema tan particular.
Domingo
En fin, hoy domingo a la madrugada, y me puse a pensar en todo lo que viví ayer, cuando decidí ir a conocer el Museo de Bellas Artes, el cual hasta ayer no había tenido el gusto de conocer.
Recuerdos de un sábado en soledad
El sábado, se presentaba como tantos otros, eran las nueve de la mañana cuando sonó el despertador, entre movimientos de elasticidad para poder arrancarme la fiaca del cuerpo, salí de la cama, me vestí como para poder ir a prepararme el desayuno a la cocina, las voces de papá y mamá ya se hacían sentir en las inmediaciones de la casa. Pava al fuego, yerbero en mano, mate con edulcorante y se vino el primer mate del día para darle la bienvenida a la larga jornada que tenía que afrontar durante el día.
Salí de casa para cumplir con la primera diligencia, camine sin hacer escalas hasta el lugar del encuentro, me reuní con las personas que había acordado, “puse el gancho” y me convertí en locataria de mi nueva casa, y a su vez emancipada. Pasaron los minutos y emprendí mi viaje de regreso a mi casa originaria, la cual aún sigue siendo mi casa, por más que más mude mis pertenencias a otro lugar. Relajada por haber cumplido con al menos algo de las innumerables cosas que debía hacer durante el día llegue a casa. Al ingresar, el almuerzo esperaba sobre la mesa de los Gimenez, junto a la mesa estaban todos los integrantes de la familia –papá, mamá y hermana mayor- que a pesar de que vivimos bajo el mismo techo durante la semana no nos cruzamos, pues cada uno maneja horarios muy distintos y el único día que podemos vernos las caras es el sábado y domingo al mediodía, y para que no se pierda el tema del lazo familiar intentamos estar siempre presente en el horario del almuerzo, el dialogo se torno en base a mi diligencia de la mañana temprano, hubo intercambio de opiniones, hasta que llegó el momento de levantar los platos, lavarlos y fin del encuentro familiar.
Por un momento, pensé en; que bien me vendría una siestita, esas que suelen ser tan reparadoras después de almorzar, sin embargo, el sueño no se hizo presente, y el sol que entraba por la ventana de la cocina, provocaron en mí ganas de ir a conocer el museo de bellas artes para escribir una crónica acerca del lugar.
Cámara de fotos, cuaderno de notas, anteojos para descansar la vista, libreta universitaria, grabador de periodista, lapicera, y demás, fueron algunos de los elementos que guarde en la cartera para ir a conocer el museo. Previamente, averigüé como viajar, que colectivos tomar, donde bajarme y cuando creí que todo estaba en su lugar me largue sin escalas a la gran cuidad, va digo a la Capital.

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